Carta a un amor fatigado por la lucha, los desencuentros y la mala suerte

Mucho hace por mi cuando se asoma y a veces más cuando está lejos. Vivo al borde de lo suyo aunque destrosa. Claro está, en esta manía presurosa de jugar al escondite que ni usted está lista pal futuro ni yo para arriesgarme. Los besos de hotel que aquella vez no pudo darme los sacudió una camarera impertinente. Es que este amor del todo intermitente sabe a risas enlatadas y a lágrimas de otros.

Poco queda hacer por el presente si el pasado a sido en vano y el futuro un sueño muerto. Ni usted tiene el corazón abierto ni yo el alma organizada. Tire al cielo sus venganzas, ponga un beso donde quiera, y suene al borde del delirio, que vendrán lágrimas colirio pa´ quitar el rojo de sus labios impregnado en la memoria y en alguna que otra parte.

Besos.

Ricardo

Carta de Arjona a su hijo

Compadrito.

Si queda algún espacio en tu brillantísimo cerebro que no lo ocupen las tablas de multiplicar, el basquet ball o cómo van los Pumas, me gustaría que lo ocuparas en la certeza de saber que papá está pendiente de ti en donde quiera que estés. Que te amo con tus manos negras deslizándose en mi camisa blanca, que te quiero con tu insistencia de jugar al básquet con mi trasnochada existencia. Que te veo como lo que me hubiera gustado ser cuando era niño, que te admiro siendo tan pequeño y te extraño aunque siempre estás conmigo.

No te olvides que soy tu padre mas quisiera ser tu amigo, para darte lo que como padre puedo y como amigo necesito. Te amo.

Papá

Carta de Arjona a Sabina desde París

Joaquin:

Hoy, es ingrato este oficio de jugar con las comas y los puntos, de andar buscándole verbos a los sustantivos, de arruinarme la cabeza con el rompecabezas de buscar en nada, las palabras que permitan encontrar ¿quién sabe? en el lugar preciso que aun no estoy seguro para que radique, si alguien lo permite en alguna parte.

Hoy, maldigo la destreza de los que ya conoces (tu incluido) por haber escrito tanto y dejar tan poco, al ejército triste de los rezagados en el tiempo que no nos queda de otra que jugar con lo que se les fue cayendo en el camino, después de fabricarse un mundo con el ejercicio de la hoja en blanco.
El vientre de mi block trotamundo no se está dejando acariciar por nadie, y bien sabido es que no hay quien preñe con caricias.

He de confesar entonces que en el flirteo hijo de puta de quererme acostar con las palabras, en los últimos dos meses he llevado la peor parte. Espero sea pasajero este celibato desmedido que me tiene a un lado del camino con esta melancolía sin palabra alguna que penetre sus entrañas para convertirla en madre.

Te la mandaré cuando me digas a dónde, tarareada, canturreada, silbada, con guitarra y como se me ha ocurrido, sabiendo que en tus manos encontrará la virilidad de tu poesía para que la ponga en cinta, bien que le hace falta, de una vez por todas.

Ricardo Arjona
Paris, 11 de mayo 2003

PD: La otra noche en Madrid, bien que lo sabes. Elvis, tu gato, paró más la oreja con «LOS NEGROS TIENEN SWING, LOS BLANCOS PECAS» que con «QUE MANERA DE SUFRIR» no te pongas celoso ni le reclames por nada, los animales como los humanos también se acostumbran a la maravilla.

PD 2. Obligado estuve por falta de espacio en mi maleta a dejar en el hotel de Paris 2 calzoncillos, 4 pares de calcetines, un pantalón vaquero tan viejo que se lo merecía, y un kit de cosas de baño. Todo por hacerle espacio a una centena y media de canciones del Brel que me recomendaste.

Reir llorando, por Juan de Dios Peza

Viendo a Garrich, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirlo le decía:
«… eres el más gracioso de la tierra, y el más feliz…»
y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores, en sus noches más negras y pesadas
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen por carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso, llegose un hombre de mirar sombrío
– Sufro -le dijo- un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa impacto ni atractivo: no me importa ni mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única pasión la de la muerte.

– Viajad y os distraereis – ; – Tanto he viajado.
– Las lecturas buscad – ; – Tanto he leído.
– Que os ame una mujer – ; – Si, soy amado.
– Un título adquirid – ; – Noble he nacido.
– ¿Pobre sereis quizás? – ; – Tengo riquezas.
– ¿De lisonjas buscais? – ; – Tantas escucho.
– ¿Qué teneis de familia? – ; – Mis tristezas.
– ¿Vais a los cementerios? – ; – Mucho, mucho.
– De vuestra vida actual ¿teneis testigos? – ; – Sí, mas no dejo que me impongan yugos:
yo les llamo a los muertos mis amigos, y le llamo a los vivos mis verdugos.

– Me deja -agregó el médico- perplejo vuestro mal, mas no debo acorbardaros.
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrich podeis curaros.

– ¿A Garrich?
– Sí, a Garrich…. la más remisa y austera sociedad le busca anciosa.
Todo aquel que le ve muere de risa, tiene una gracia artística asombrosa.
– ¿Y a mi me hará reír? – ; -Oh, sí…os lo juro. Él sí, y nadie más que él…
mas, ¿qué os inquieta?
– Así -dijo el enfermo- no me curo. Yo soy Garrich ¡Cambiad la receta!

Cuantos hay que, cansados de la vida,
emfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida
sin encontrar para su mal remedio.

¡Oh! Cuantas veces al reir se llora,
nadie en lo alegre de la risa sigue,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma llora cuando el rostro ríe.

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos vuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que la vida son breves mascaradas:
aquí aprendemos a reir con llantos
y también a llorar con carcajadas.

La fábula del pescador y el empresario

Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito costero mexicano cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño.

El americano elogió al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó:-¿Cuánto tiempo le tomó pescarlos?.-

El mexicano respondió: – Poco tiempo.-

El americano luego le preguntó: – ¿Por qué no permaneces más tiempo y sacas más pescado?.-

El mexicano dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia.

El americano luego preguntó: – Pero…¿qué haces con el resto de tu tiempo?-

El pescador mexicano dijo: – Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, me echo una siesta con mi señora, María, voy todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco la guitarra con mis amigos. Como ves, tengo una vida divertida y ocupada.-

El americano replicó: – Soy un empresario licenciado de Harvard y podría ayudarte. Deja que te explique… Deberías gastar más tiempo en la pesca, con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes, finalmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador, finalmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este pinche pueblo e irte a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y en último término a Nueva York, donde manejarías tu empresa en expansión.-

El pescador mexicano preguntó: – Pero, ¿cuánto tiempo tarda todo eso?.-

A lo cual respondió el americano: -Entre 15 y 20 años.-

-¿Y luego qué?-, dijo el pescador.

El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte: – Cuando llegue la hora deberías anunciar una IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones.-

– Millones… ¿y luego qué?-

Dijo el americano: – Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, echar una siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo a tomar vino y tocar la guitarra con tus amigos».